¿Me permite este baile?

¡Hola a todos!

Hoy os traigo un tema que, para quienes solemos leer novelas de romance histórico, nos resulta muy familiar. ¿Quién no se ha encontrado en una novela de Regencia o Victoriana con alguna escena que tenga lugar durante un baile? Pues eso, hablemos de bailes.

Desde tiempos remotos, los bailes formaban parte de la vida social de la nobleza inglesa. Toda dama que se preciase de serlo debía conocer los pasos de los diferentes bailes y, por supuesto, bailarlos con gracia y donaire.

Varios fueron los tipos de danzas que se bailaron durante el periodo de la Regencia. En muchas veladas se podía disfrutar de la Gavota o el Minueto (bailes de la corte que databan del siglo XVI), así como de algunos bailes campestres, más alegres y vigorosos.

Había también danzas más largas, que se bailaban con melodías tradicionales o con música adaptada de canciones populares y obras escénicas, como es el caso de la Contradanza inglesa.

El Cotillón y la Cuadrilla fueron importados a Inglaterra desde Francia. Se bailaban en formación cuadrada. El Cotillón se introdujo en Inglaterra alrededor de 1770 y, en su juventud, Jane Austen sin duda habría bailado cotillones y bailes campestres. La Cuadrilla se introdujo más tarde, formalmente aceptada en la sociedad inglesa por las damas de Almack en 1815, aunque hay pruebas de que se bailaban en la casa de la duquesa de Devonshire ya en 1803. Las Cuadrillas tenían sus propios pasos animados y a menudo era un baile bastante coqueto.

Aunque la música de Vals se usaba en los bailes a mediados del siglo XVIII, no debe confundirse con el baile de pareja que ahora asociamos con la música de vals. Cuando el barón Neuman presentó por primera vez el vals de pareja en 1812, se lo consideró un baile extranjero y muy inmoral, debido al contacto físico que involucraba. Las damas de Almack’s lo aceptaron gradualmente.

Cualquier salón de baile, durante la época de la Regencia, era un entorno cuidadosamente controlado con estrictas reglas de etiqueta.
Las salas de reuniones públicas, desde Almack’s hasta las de algunas ciudades más pequeñas, contaban con unos estatutos estrictos, elaborados por escrito, cuyo abuso de las reglas daba lugar a multas o despido del salón. Incluían códigos de vestimenta, decoro y consideraciones prácticas, tales como, por ejemplo, que los caballeros siempre debían dejar sus espadas en la puerta.

El maestro de ceremonias controlaba el salón de baile. Era el responsable de las presentaciones, instruir a los músicos, aprobar o rechazar las selecciones de baile, mantener el orden y resolver las disputas.

Existían varias guías de etiqueta en esta época, entre ellas la de Thomas Wilson, maestro de danza en el King’s Theatre Opera House, quien organizaba bailes con cierta regularidad. Las siguientes reglas son citas del libro «Etiqueta del salón de baile», de Wilson (1815):

«Los caballeros no deben entrar al salón de baile con botas de caña alta o de media caña, o con palos o bastones, ni los pantalones son una vestimenta adecuada para un salón de baile». (Hay que tomar en cuenta que los calzones hasta la rodilla y las medias eran la vestimenta correcta, aunque esto comenzó a relajarse alrededor de 1826).

«Durante el baile, nadie debe silbar, aplaudir o hacer cualquier otro ruido que moleste a los presentes».

«El chasquido de los dedos durante una danza social o un Reel, y el aullido repentino o practicado con demasiada frecuencia, debe evitarse particularmente, ya que participa demasiado de las costumbres de las naciones bárbaras; el carácter y el efecto que se le da a la Danza por tales medios es apropiado solo al escenario, y de ninguna manera adecuado al salón de baile».

«Dos damas no deben bailar juntas sin el permiso del Maestro de Ceremonias». (Si bien existía esta regla, no se aplicaba estrictamente, con el ejército en Francia y la marina en el mar, a menudo había escasez de hombres. Jane Austen lo comenta en sus cartas).

«En ausencia de damas, los caballeros a veces pueden formar parejas. En ese caso, siempre deben situarse al final de la fila». (No debía ser inusual en la época de Wilson, puesto que lo menciona. Es posible que cuando los bailes se llevaran a cabo en los campamentos militares o sus alrededores, hubiera escasez de mujeres).

«Las damas o caballeros que no tengan pareja deberán hacer una solicitud al Maestro de Ceremonias, ya que es su labor, si es posible, proporcionárselas».

«La danza más apropiada para abrir un baile es un Minueto».

Por supuesto, había muchísimas más reglas, pero no es el caso colocarlas todas en este artículo. Bástenos con conocer estas y saber que ningún aspecto de la vida social de los aristócratas ingleses escapaba a las rígidas normas de comportamiento que debían observar. Supongo que un buen lema sería: La elegancia ante todo.

Espero que, a partir de ahora, si os encontráis con una escena de este tipo en una novela romántica, podréis valorar lo que sufrían los protagonistas de la misma.

¡Buenas lecturas!

2 comentarios sobre “¿Me permite este baile?

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