De medicina, cadáveres y otras cosas

Mi última novela, Todo un caballero, que cierra la serie Familia Marston, se publicó el 31 de 2020. Ambientada en 1786, dentro de la época georgiana, la protagonista, Mary Reed, ejerce como enfermera.

En esa época, por supuesto, la enfermería no estaba regulada. quienes trabajaban en la profesión, lo hacían como voluntarios, recibiendo una exigua paga por sus tareas, y con una escasa formación. Las enfermeras «cualificadas» procedían, por lo general, de las congregaciones religiosas.

Mary entra a trabajar como voluntaria en el hospital St. George de Londres, donde aprende todo lo que puede acerca de la mejor manera de atender a los enfermos. Más adelante, cuando necesite ayuda para curar a Jimmy Marston, acudirá a uno de los más grandes cirujanos que pasaron por el hospital y que, de hecho, fue director del mismo. Nos referimos a John Hunter, un hombre de lo más peculiar, cuyas teorías y métodos científicos serán de gran ayuda para el joven Marston. ¿Queréis saber quién fue y qué hizo John Hunter?

John Hunter (1728-1793): fue uno de los más prestigiosos cirujanos europeos. Nació en Escocia y trabajó de joven en una ebanistería. Posteriormente se trasladó a Londres con su hermano William, cirujano y profesor de anatomía. Fue alumno y cirujano en el Hospital St. George de Londres y también trabajó en la sala de disección de su hermano en Covent Garden. En la guerra de los siete años actuó como cirujano militar y estableció un centro de investigación en Golden Square (Londres), enseñando más tarde en Leicester Square. Su interés por las cuestiones quirúrgicas abarcó muchos campos, destacando su descubrimiento de la circulación placentaria. Aunque John Hunter recibió escasa educación formal, estableció las bases científicas de la cirugía y las condiciones para los avances del siglo XX. Su dicho: «No pienses, experimenta», ha inspirado a generaciones de cirujanos modernos.

Hunter creía que, para poder tratar una enfermedad, el cirujano debía conocer las causas y el mecanismo de la misma. Él impulsó la actividad del cirujano hacia una cirugía más sistemática, reglada y basada en la anatomía. La principal contribución de Hunter, además de su doctrina general sobre el tratamiento de las fracturas, se encuentra en el concepto de la reeducación muscular necesaria una vez que se ha producido la consolidación ósea: defendió la práctica de la movilización precoz, mediante ejercicios activos, después de las enfermedades o traumatismos.

Convirtió su casa de Leicester Square en un museo de rarezas. En él se exponían objetos muy diferentes: vestidos y ornamentos esquimales, flechas, dagas, armaduras, pinturas o esculturas. Pero también existían numerosos ejemplares de historia natural (fósiles, el feto de un canguro o peces eléctricos), o preparaciones patológicas (huesos fracturados, cráneos en los que se podían apreciar los signos de la sífilis), que se entremezclaban con los resultados de algunos de sus experimentos.

Durante los 12 años que trabajó con su hermano, el doctor Hunter asistió a la disección de más de 2.000 cadáveres, obtenidos gracias a los «ladrones de tumbas o resurreccionistas».

En una noche de junio de 1783, John llegó a su casa con una carga especial. Era el cadáver de Charles Byrne, el «gigante irlandés», por el que pagó 500 libras (unas 30.000 libras actuales) a los custodiadores. Estos habían sido contratados por el propio Byrne para evitar que fuese a parar a la mesa de disección de algún cirujano. A pesar de su logro, John mantuvo su éxito en secreto hasta que, en 1787, habló por primera vez de su hombre alto.

El robo de cadáveres fue algo de lo más común en la época. Y, como ya he dicho, a los ladrones de tumbas se les conocía con el nombre de resurreccionistas.

Desde la fundación, en 1540, de la Compañía de Barberos y Cirujanos, los cuerpos para las disecciones eran obtenidos en el patíbulo. Acabar en la mesa de disección de un cirujano formaba parte de la condena a muerte. Sin embargo, el número de cuerpos que podían obtenerse de forma legal no era suficiente. Solo seis al año. En consecuencia, creció con rapidez un negocio floreciente: los cadáveres eran robados directamente de los cementerios y vendidos a los médicos, ávidos de cuerpos que poder utilizar en sus clases de anatomía. El problema fue tan grave que, en distintos lugares de la ciudad, se construyeron torres de vigilancia junto a los cementerios. También los «cofres de hierro», donde se introducía el ataúd de madera que albergaba el cuerpo, se utilizaron para disuadir a los resurreccionistas, quienes eran capaces de extraer el cadáver de su tumba sin prácticamente remover tierra.

Si os animáis a leer mi novela, podréis conocer un poco más a John Hunter y su casa convertida en museo.

¡Buena lectura!

2 comentarios sobre “De medicina, cadáveres y otras cosas

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    1. Hola, guapa!! Sí, es la novela que cierra la serie de la Familia Marston (creo que tú te leíste el primero, el de Algo más que una dama). De todas formas, puede leerse de manera independiente, ya que cada libro es autoconclusivo, pero cuenta algo de los anteriores. Si te animas, espero que lo disfrutes!! 😘😘

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